“Las remesas bajo asalto: ¿financiar el muro con el sudor migrante?”
Por Juventino Yitzhak Montiel García
Introducción
Cada año, más de 40 millones de mexicanos en Estados Unidos envían miles de millones de dólares a sus familias en México. Es dinero ganado con esfuerzo, con jornadas extenuantes en campos agrícolas, cocinas, fábricas y servicios. Pero hoy ese dinero enfrenta una amenaza frontal: una iniciativa legislativa en el Congreso de EE.UU. busca imponer un impuesto del 5% a las remesas. ¿La razón? Financiar el muro fronterizo y endurecer la política migratoria.
Lo que para muchos representa un acto de amor —enviar dinero a casa—, para Donald Trump y sus aliados republicanos es una fuente de recaudación política y un arma contra la migración.
¿Qué propone la ley?
El plan fiscal impulsado por republicanos en la Cámara de Representantes incluye un apartado que grava con 5% todas las remesas enviadas fuera de EE.UU., especialmente hacia América Latina. Este nuevo impuesto, parte de una visión trumpista de control migratorio, busca generar recursos para financiar el muro en la frontera sur.
La iniciativa ya fue aprobada en comités y se prevé que llegue al Pleno esta misma semana. Aunque todavía podría ser frenada en el Senado o mediante una acción ejecutiva, su avance marca un precedente preocupante.
¿Quién se vería afectado?
México es el país que más remesas recibe en el mundo. En 2023, más de 63 mil millones de dólares llegaron al país, el 95% provenientes de EE.UU. De aplicarse este impuesto, el impacto sería devastador:
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Las familias más pobres perderían parte esencial de su sustento.
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Se reduciría la capacidad de consumo en regiones rurales y marginadas.
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Se encarecerían los envíos, empujando a canales informales o ilegales.
Además, según El Economista y Proceso, países como Guatemala, El Salvador, Honduras y República Dominicana también verían mermadas sus economías familiares.
¿Por qué es inconstitucional y peligroso?
Numerosos analistas y congresistas hispanos coinciden: el impuesto es discriminatorio y posiblemente ilegal. Violenta tratados internacionales como el Convenio para Evitar la Doble Imposición firmado entre México y EE.UU., y afecta de manera selectiva a una población vulnerable con base en su origen.
León Krauze, en El Universal, lo califica de "injusto, peligroso e irracional", mientras que Nadine Cortés, en El Financiero, afirma que representa una redefinición del vínculo México-EE.UU. sobre bases xenófobas y utilitarias.
Reacciones en México
El gobierno mexicano ha expresado su rechazo categórico. La presidenta electa, Claudia Sheinbaum, llamó a la unidad nacional para defender a los migrantes. El canciller Esteban Moctezuma anunció reuniones con congresistas estadounidenses para presionar contra la iniciativa. La SRE ya entregó una carta oficial de protesta al Congreso de EE.UU.
Pero, como advierte el columnista Jorge Molina Larrondo en El Financiero, México llega tarde a Washington. El cabildeo reactivo y la diplomacia pasiva podrían no ser suficientes ante la maquinaria legislativa republicana.
Migrantes: del envío al activismo
Frente a este ataque fiscal, organizaciones de migrantes se movilizan. Desde Nueva York hasta Los Ángeles, preparan protestas, campañas en redes sociales y visitas a distritos clave para presionar a congresistas.
“No es justo que se castigue a quienes enviamos dinero a nuestras familias. No es lavado, no es evasión: es amor convertido en dólares”, dijo una activista desde Chicago.
Hipocresía política: ¿y el cobro de piso?
Un enfoque interesante lo ofrece El Debate, al señalar la contradicción: en México muchos políticos “gritan por las remesas” cuando vienen de EE.UU., pero callan cuando el crimen organizado cobra piso en efectivo a quienes reciben ese dinero. Una crítica que obliga a mirar hacia adentro y fortalecer la seguridad y la transparencia en el uso de estos recursos.
Propuestas ciudadanas y soberanas
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Crear una fintech pública de remesas mexicana, para evitar comisiones y dependencia de bancos estadounidenses.
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Impulsar una criptomoneda nacional o stablecoin soberana para el envío de dinero.
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Llevar el caso a organismos internacionales (OCDE, OEA, ONU) como violación a principios de no discriminación fiscal.
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Unificar el cabildeo transfronterizo, con participación de mexicanos en EE.UU. y sus familias en México.
Cierre: no es solo dinero, es dignidad
Este impuesto no solo toca el bolsillo. Toca la identidad. Criminaliza al migrante que, lejos de casa, sostiene economías enteras. Si el Congreso de EE.UU. decide convertir las remesas en un botín electoral, deberá enfrentar no sólo la protesta diplomática de México, sino la digna resistencia de millones de migrantes organizados.
El dinero que cruza la frontera no es ilegal: es vida. Y merece respeto.
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